domingo, 29 de diciembre de 2013

Cromo en la reducción de peso corporal (03)


Cromo en la reducción de peso corporal

De acuerdo a diversas aseveraciones, el cromo favorece la perdida de grasa corporal y aumentará la masa corporal magra. Sabemos que el cromo potencia la acción de la insulina en el metabolismo de los carbohidratos, lípidos y proteínas, aunque se desconoce el mecanismo exacto. Las encuestas sobre alimentación indican que la mayoría de los individuos consumen cantidades de cromo menores a las recomendadas (Anderson y Kozlovsky, 1985). Asimismo, el realizar una actividad física vigorosa da lugar a un aumento en las perdidas agudas de cromo (Anderson et al., 1988).

Los hallazgos sugieren que el empleo indiscriminado de complementos de cromo no tiene algún efecto sobre la composición corporal. Cuando se utilizan métodos sensibles a la composición del cuerpo humano, los datos indican que los complementos de cromo durante el entrenamiento para aumentar la fuerza, no favorecen el incremento en la masa muscular, ni perdida de grasa en los varones (Clancy et al., 1994; Lukaski et al., 1996).

El cromo compite con el hierro por la fijación en la transferrina. Los investigadores plantearon a este respecto la hipótesis de que los aumentos importantes en la concentración de cromo en el suero sanguíneo como resultado de los complementos nutritivos, sobre todo del picolinato de cromo, afectaría de manera adversa el transporte y distribución del hierro (Lukasku et al., 1996). Sin embargo, un estudio reciente se analizó los efectos de los complementos de picolinato de cromo sobre el estado férrico en varones de edad avanzada que participaban en un programa de entrenamiento de resistencia. Los resultados demostraron que el cromo no provoca cambios en el transporte de hierro y no compromete el estado férrico en los hombres. (Campbell et al., 1997). La toxicidad del cromo trivalente, la forma química que se utiliza en las dietas, es muy baja, con un margen de seguridad sustancial.

Nutrición y Dietoterapia de Krause. L. Kathleen Mahan y Sylvia Escott-Stump. Décima edición. Editorial Mc Graw Hill Interamericana Editores S. A. de C. V. México D. F. 2001. Página 553. ISBN 970-10-3204-7

Factor de tolerancia a la glucosa (02)


Factor de tolerancia a la glucosa
El cromo forma parte del factor de tolerancia a la glucosa (glucose tolerance factor, GTF), el cual impide la intolerancia a este carbohidrato (Linder, 1991). Como cofactor esencial para la insulina, el cromo actúa, sea directa o indirectamente, al intensificar la eficiencia de la insulina en la fijación a las células.

El efecto del cromo sobre la insulina fue descubierto en 1957 por los investigadores Klaus Schwartz y Walter Mertz, quienes encontraron que los animales alimentados con ditas comerciales desarrollaron una incapacidad para metabolizar el azúcar y por lo tanto intolerancia a la glucosa. Al añadir levadura de cerveza, que contiene cromo, a las dietas de los animales, se normalizó su nivel de azúcar en la sangre. (Mertz, 1969).

En un estudio doble ciego, controlado con placebo, se analizó el efecto del cromo como complemento nutritivo en dosis de 200 y 1000 mcg en perdonas con diabetes tipo 2. Los pacientes que recibieron cromo complementario, mostraron efectos benéficos contribuyendo a mejorar variables biológicas clave en esta enfermedad como son hemoglobina glucocilada (HbA1c), glucemia, insulina, triglicéridos y colesterol.

Los efectos benéficos del cromo fueron más notables y significativos en los individuos con diabetes a quienes se les administró complementos de cromo con dosis entre 200 y 1000 mcg diarios, que en los individuos con diabetes a quienes se les administró una dosis de acuerdo a la ración diaria recomendada de entre 50 a 200 mcg, dosis considerada como el límite seguro y adecuado (50 a 200 mcg por día) (Anderson y Cheng, 1971).

En individuos con hiperinsulinemia, diabetes tipo 2, o formas leves de resistencia a la insulina, habría que considerar la complementación con cromo en dosis de 200 mcg diarios o un consumo diario alimentario de productos ricos en cromo (Vease caps5 y 34).

Nutrición y Dietoterapia de Krause. L. Kathleen Mahan y Sylvia Escott-Stump. Décima edición. Editorial Mc Graw Hill Interamericana Editores S. A. de C. V. México D. F. 2001. Página 310. ISBN 970-10-3204-7

sábado, 28 de diciembre de 2013

Cromo (01)

Cromo
Aunque la función biológica del cromo fue propuesta inicialmente en 1954, no fue aceptado como un nutrimento esencial hasta 1977, tiempo en que cuando los pacientes que recibían alimentación parenteral total, mostraban anormalidades en el metabolismo de la glucosa, los que se podían revertir tomando cromo como complemento nutritivo. 
Las bajas concentraciones de cromo existentes en los alimentos, en los tejidos y en los líquidos corporales han requerido de técnicas más precisas y sofisticadas de análisis, así como de nuevos materiales de referencia para las mediciones exactas.

La valoración precisa del cromo en los alimentos ha sido muy fácil, ya que el cromo biológicamente activo y el cromo inorgánico no puedes distinguirse entre sí. Los análisis realizados antes de 1980 deben considerarse con cautela en virtud de que las determinaciones estaban plagadas de problemas analíticos y de contaminación.

La levadura de cerveza, los ostiones, el hígado y las papas tienen elevadas concentraciones de cromo; los mariscos y peces marinos, lo granos enteros, los quesos, el pollo, las carnes y el salvado de cereales, tienen un contenido de cromo intermedio. Al refinar el trigo y otros cereales, junto con eliminarles el germen y el salvado, se les elimina por completo todo su contenido de cromo. La refinación del azúcar de caña o de remolacha elimina el contenido de cromo de estos vegetales, quedando alguna cantidad solo en la melaza. Los productos lácteos, las frutas y los vegetales tienen poco cromo. (Tabla 5-1).

El consumo promedio habitual de cromo fluctúa alrededor de 25 mcg por día por habitante, para las mujeres y 35 mcg por persona y por día para los varones. La recomendación de cromo no se ha establecido en la USDA, el NHANES, o el Total Diet Study, debido a metodologías inadecuadas.

La leche humana que se ha analizado en condiciones cuidadosamente controladas con normas apropiadas, contiene de 3 a 8 mcg por litro. De acuerdo con Anderson et al. (1993), es prácticamente imposible que los lactantes exclusivamente alimentados al seno materno obtengan la ESADDI actual para el cromo. (La concentración de cromo en la leche humana es independiente de las concentraciones que típicamente se encuentran en los alimentos, en el suero sanguínea y en la orina).

Consumo alimentario diario estimado como seguro y adecuado
La ESADDI para el cromo es de 50 a 200 mcg por día para personas de siete años en adelante. Dependiendo de la edad del niño, se ha establecido una ESADDI de 10 a 120 mcg por para los más pequeños y para los lactantes se recomienda ver el cuadro 5-6.

Absorción, transporte, almacenamiento y excreción
Al igual que con otros minerales, las formas orgánicas e inorgánicas del cromo se absorben de manera diferente. El cromo orgánico se absorbe fácilmente, pero el cuerpo lo elimina con rapidez. Se absorbe menos de 2 % del cromo trivalente que se consume. La absorción de este oligoelemento aumenta con la presencia de oxalato y es más elevada en animales con deficiencia de hierro que en aquellos con un estado adecuado del mismo mineral. Esto último sugiere un factor común con aluna vía de absorción del hierro. La absorción del cromo alcanza una meseta, donde permanece a consumos alimentarios de 40 mcg o más por día; a tales consumos aumenta la excreción urinaria para mantener el equilibrio. La absorción del cloruro de cromo se modifica según el tipo de carbohidrato alimentario que se consuma; el almidón, más que el azúcar, aumenta la absorción. La absorción de los iones de cromo del picolinato de cromo es mayor que la de los del cloruro de cromo, cuya eficacia de absorción es de tan solo el 2 % o menos.

Tanto el cromo como el hierro son transportados por la transferrina; sin embargo, la albumina también pude asumir este papel cuando es alta la saturación de hierro en la transferrina. Las globulinas alfa y beta, lo mismo que las lipoproteínas también fijan el cromo.

El cromo inorgánico es excretado principalmente por el riñón y pequeñas cantidades se pierden a través del pelo, el sudor y la bilis. El cromo orgánico es excretado principalmente a través de la bilis. El ejercicio enérgico, los traumatismos físicos y un mayor consumo de azúcar simple, originan más excreción de cromo, lo que sugiere una mayor utilización.

Funciones
El cromo potencia la acción de loa insulina y como tal, influye en el metabolismo de los carbohidratos, los lípidos y las proteínas. Aunque no se ha identificado claramente la índole química de la relación entre el cromo y la actividad de la insulina, es posible que este tenga un efecto benéfico sobre las concentraciones séricas de triglicéridos en pacientes con diabetes mellitus no dependiente de la insulina (Lee y Reasner, 1994).

Es controvertible la función propuesta para el cromo en el factor de tolerancia a la glucosa. Se ha identificado un posible complejo de cromo y acido nicotínico, pero no se ha establecido su estructura química con técnicas modernas (Baumgartner, 1993). Se cree que este compuesto de cromo regula la síntesis de una molécula que potencia la acción de la insulina. Otra posible función del cromo, similar a la del zinc, estriba en la regulación de la expresión de los genes.

Deficiencia
La deficiencia de cromo produce resistencia a la acción de la insulina y anormalidades en las concentraciones sanguíneas de glucosa y de lípidos, que pueden mitigarse tomando este oligoelemento como complemento nutritivo. Pueden presentarse consumos insuficientes de cromo en Estados Unidos, pero es más probable que exista una importante deficiencia o carencia en poblaciones cuyo consumo de cromo es muy bajo como en algunas regiones de Chile (Anderson et al., 1997a). En las primeras fases del desarrollo y del en el empleo de la alimentación parenteral total, algunos individuos que recibieron este tipo de alimentación, mostraron claras alteraciones en la tolerancia a la glucosa o hiperglucemia con glucosuria y respuesta refractaria a la insulina (Freud et al., 1979; Jeejeebhoy et al., 1977). Los efectos de la deficiencia de cromo en los animales incluyen alteraciones en el crecimiento, elevación en las concentraciones séricas de colesterol y triglicéridos, aumento de la frecuencia de placas de ateroma aorticas, lesiones corneales y disminución de la fertilidad y de la cuenta espermática.

Las aseveraciones recientes en el sentido de que la ingestión de altas dosis de cromo (como picolinato de cromo) mejora la fuerza, la composición corporal, la resistencia y otras condiciones físicas, son aun controvertibles para algunos “expertos”, ya que algunos estudios apoyan estas aseveraciones y otros no. (Anderson, 1998; y Lukaski et al. (1996) no encontraron beneficios derivados del consumo de complementos de cromo en cuanto a la composición corporal o fuerza en varones sanos. Sin embargo, el ejercicio de resistencia agudo y crónico aumentó las perdidas urinarias de cromo en los varones que consumieron la fase I de la dieta de la American Heart Association, sin complementos, (Rubin et al., 1998). Los investigadores llegaron a la conclusión de que estas pérdidas podrían indicar una mayor absorción de cromo durante el estudio que duro 16 semanas, sin embargo, podría también significar una mayor utilización de cromo en los músculos inducida por el ejercicio.

Nutrición y Dietoterapia de Krause. L. Kathleen Mahan y Sylvia Escott-Stump. Décima edición. Editorial Mc Graw Hill Interamericana Editores S. A. de C. V. México D. F. 2001. Páginas 157 y 158. ISBN 970-10-3204-7